
La abeja reina muy raramente abandona el nido y son las obreras las que le llevan alimento. Las obreras recogen gran cantidad de bacterias del ambiente mientras trabajan recolectando polen y néctar. Al regresar a sus colonias elaboran la jalea real, un alimento para la reina, que contiene entre otras cosas bacterias. Al comerlo la reina lo digiere y fragmentos de esas bacterias se almacenan en el cuerpo graso, que es un tejido con una función similar al hígado, para luego llegar a la hemolinfa o sangre de la abeja.
Esos fragmentos se unen a la proteína vitelogenina que los transfiere por vía sanguínea a los huevos que se están desarrollando en el ovario de la reina. De esta forma los descendientes de la reina son «vacunados» y su sistema inmune se prepara para luchar contra las bacterias que encontrarán en el ambiente cuando crezcan.
Este descubrimiento abrió la puerta para la creación de vacunas comestibles y naturales para proteger a las abejas que son tan esenciales para la ecología y la economía.
La vitelogenina está presente prácticamente en todas las especies que ponen huevos: peces, anfibios, reptiles, aves e invertebrados. Se está trabajando también en usar esta proteína para transferir inmunidad a la descendencia y vacunar naturalmente, contra determinadas infecciones a especies ovíparas.
Escrito y publicado por mí, en mi primer blog el 16 de abril de 2021. Andrea Novero








